15 oct. 2008

Entrevista Revista Gente

Soledad Pastorutti: “Trato de ayudar y educar para salvar vidas”

Es mucho más que una voz súper exitosa de la música (su último disco, Folklore, es uno de los top ten de su sello). Porque hace ocho años decidió que esa voz, que agita pañuelos y revolea ponchos, también debía servir para evitar accidentes de tránsito. Así, creó una fundación con su nombre, con un objetivo social clave: la seguridad vial. “Cuando alguien muere en el pueblo por un accidente, todos sufrimos, porque es un familiar, un amigo o un vecino...”, afirma.

Sin preámbulos. Soledad Pastorutti (27) es éxito a plazo fijo, y con altos intereses, haga lo que haga. Desde los días (o las noches) en que revoleaba ponchos, hasta hoy, revienta récords. Su último disco, Folklore, apenas tardó una semana en trepar a la lista de los top ten de su sello: 20 mil placas vendidas, y va por más… Y lo mismo en tevé: su programa Ecos de mi tierra (Canal 7, domingos de 21 a 22) mantiene cinco puntos de rating: casi el triple de la media histórica de la pantalla oficial. Pero eso es sólo show. Detrás, y con ese aval, la Sole abrazó una misión que vale más que el rating y los discos de oro: fundó la ONG Educar Para Realizar, obstinada –con todo el fuego de su carácter– en salvar vidas. Nada menos. Entre aterrada y dolorida, dice: “No puedo creer cómo mueren miles de personas al año en accidentes de ruta. No podemos seguir leyendo esa estadística como quien lee el pronóstico del tiempo. Dejemos de mirarnos el ombligo y pensemos en los demás. Nadie puede eludir la muerte, pero sí estas muertes, producto de la ignorancia, la desaprensión, el desprecio por el prójimo”, se exalta. Pero... ¿qué sabe realmente del tema? ¿Es conocimiento o puro voluntarismo? Para averiguarlo, la desafiamos a responder un cuestionario sobre el problema.

–Los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte en el país. ¿Qué lugar ocupa respecto de otros factores como cáncer, suicidios, sida, en menores de 35 años?
–El primero.

–¿Cuántos metros se necesitan para detener un vehículo que va a 90 kilómetros por hora sobre pavimento seco, con buen clima, buena ruta y auto a punto?
–Unos 65 metros...

–¿Cuál es la velocidad más segura en rutas, de día y en condiciones normales de pista y clima?
–Noventa kilómetros por hora.

Resultado: todas las respuestas correctas. Respira. Se acomoda en el respaldo de la silla y sonríe. Seguimos...

–¿Por qué te preocupa la seguridad vial, cuando la mayoría de los famosos se interesa en salvar a las ballenas o en evitar las grasas trans?
–Porque a cada uno lo movilizan causas diferentes. A mí me preocupan los accidentes de tránsito, porque en Arequito, mi pueblo, y en los pueblos vecinos, muere mucha gente: ¡familias enteras! Y nombro primero a mi pueblo porque noto más la ausencia de alguien. La mayoría son chicos que toman el auto como un juego... y no saben que es una ruleta rusa.

–¿En los pueblos son más confiados?
–Sí, y es un grave error. Creés que a las cinco de la mañana no hay nadie, y el único auto que rueda por el pueblo... ¡te choca! El año en que terminé el secundario, los chicos de Arequito fuimos a bailar a San José de la Esquina, y a la vuelta murieron dos chicos de otros cursos: una excelente nadadora se ahogó en un arroyo, y otro chico se mató con la moto.

–Santa Fe, con Arequito incluido, es la provincia con mayor cantidad de muertes por accidentes viales: 707 el año pasado, detrás de Buenos Aires. ¿Por qué?
–No sé por qué... Debemos tener una de las rutas de provincia más prolijas. En mi pueblo es común que a los 15 años se tenga moto, y a los 18 nos regalen un auto. Yo aprendí a manejar a los 14, y mi papá tuvo su primer auto a los 12: un Studebaker del año ’30. Es una locura, un disparate...

–¿Viste la muerte de cerca?
–Una vez. Iba a mucha velocidad por la ruta, el asfalto estaba cubierto de aceite y el auto dio miles de trompos y chocó contra un árbol. En adelante respeté más el acelerador. Mi viejo es mecánico, vio mil cosas, y las contó en casa: familias enteras destruidas...

–¿Ser famosa hace que se te acerquen a pedirte ayuda?
–Sí. Por eso, en los recitales trato de nombrar siempre a las víctimas.

–¿Cómo reacciona la gente?
–Me escuchan con respeto. Pero a veces me doy cuenta de que aplauden sólo para hacer lo “políticamente correcto”.

–¿Cómo cambiar esa actitud?
–Con responsabilidad. Quiero reunirme con otros grupos y luchar junto al Gobierno para bajar la cantidad de muertes en las rutas. Pero mientras el policía sea coimeable y nosotros le demos coima, no hay leyes que valgan.

–¿Somos hijos del rigor?
–¡Claro! Si pasás el semáforo en rojo y te multan, la segunda vez no lo pasás. Hay que crear conciencia desde la escuela primaria, con videojuegos, pistas con autitos, todo lo que se pueda. Por desgracia, en este país parece que es más divertido hacer las cosas mal, que bien. El que hace las cosas bien... se siente medio buenudo.

–¿Qué nota merecemos en solidaridad?
–Somos solidarios, pero sólo después de que nos pasan cosas graves. El remedio no basta: llega tarde. Es mejor prevenir...


Suena su celular. Pide permiso para atender. Del otro lado de la línea se escucha una voz de hombre. Corta. “Era Jere. Está en la oficina”. A un año y cinco meses de pasar por el Registro Civil y después de siete años de noviazgo con Jeremías Audoglio (27), conocido como “el chico de la manchita”, la vida en pareja le sienta bien. Pero “mi fuerte no es la cocina… ¡Ahí me falta uña para la guitarra! Decí que le gustan las comidas fáciles”, dice. Y lanza una lista de sugerencias: “Arroz con queso, sopa, tartas… En fin, nada muy elaborado. Cuando le pongo mucha garra, no le gusta… Jere es bien simple”.

–¿Cómo está la pareja?
–¡Excelente! Seguimos muy enamorados. Lo mejor del matrimonio es la compañía, y en eso no fallamos. Soy la primera en levantarme y en decirle “Buen día”… Un saludo no siempre bien recibido, porque está muerto de sueño. Si salgo, lo primero que hago es llamarlo para contarle lo que planeo hacer en la Fundación. Con Jere nos gusta ayudar a la gente, pero a veces los pedidos de auxilio nos superan. Tratamos, más que de dar asistencia social, de educar. Queremos inaugurar un tren sanitario que recorra las provincias del Norte, kilómetro a kilómetro.

–¿Cómo es trabajar con el marido?
–Es una gran ventaja... Puede entender lo que necesitás con sólo una mirada. Además, nos tenemos una confianza enorme. No me gustaría estar en un lugar y vivir algo lindo… lejos de él.

–Se te oye muy enamorada...
–¡Y lo estoy! Jere es increíble... Nos queremos igual que el primer día en que nos pusimos de novios. Y ahora, con la solidaridad y la campaña para evitar muertes en las rutas, estamos doblemente unidos.

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