31 ago. 2010

Sole y Antonia en Revista Gente



Soledad: “Antonia llegó para enseñarnos qué es la plenitud”

A dos meses y diez días de ser mamá, la Sole Pastorutti cantó para cinco mil personas en Casa do Gaúcho, Porto Alegre, Brasil. Viajó con su hija Antonia, su marido y road manager Jeremías Audoglio, y arrasó el escenario con su inagotable energía. Prepara su nuevo disco: Vivo en Arequito. Y sigue al frente de Ecos de mi tierra (Canal 7, domingos, hora 12). Aquí su diario de viaje, minuto a minuto.

Ezeiza, cinco de la mañana. En el salón de preembarque de la Puerta 13, Soledad Pastorutti (29) espera tranquila que anuncien la salida de su vuelo G37651 de Gol con destino a Porto Alegre, Brasil. En brazos, ajena a todo, duerme Antonia Audoglio Pastorutti, con su inseparable chupete, y lookeada con un conjunto violeta que resalta aún más sus ojos azules (“todavía no están definidos, pero tiene a quién salir: a mi mamá y a su bisabuela”), dice Sole. A su lado, Jeremías Audoglio (32), que a pesar de la hora sigue concentrado en lo que será el show de su mujer en tierra vecina. Habla con los músicos, besa a su hija, se acerca a Gonzalo Zambonini (manager) para preguntarle un par de detalles, y cuando advierte que va más rápido que las agujas del reloj, se refugia en una zona de fumadores para calmar “mi ansiedad con un pucho”, dice.

La gurisa... de mamá y papá, con ellos, y en su primer viaje al exterior. Mientras Sole actuaba, a Antonia la cuidó Griselda, su abuela materna.

Infaltable, está medio clan Pastorutti: Natalia, la hermana de Sole, y Griselda, la madre. “¡Qué horario nos vinimos a buscar!”, protesta –pero con una sonrisa– El Tifón de Arequito. Y al minuto, la gurisa Antonia exige el pecho de la madre, que la complace. Silencio, y un instante de intimidad y conexión que nada tiene que ver con el canto, el show, el viaje, el contrato. Todo queda atrás mientras dura el básico rito. “Una vez me dijeron que con mi hija me iba a convertir en una leona, y tenían razón. Desde que nació, ella despertó en mí facetas desconocidas”, se asombra Sole.

El vuelo la deja, puntual, en Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul (casi un millón y medio de almas), “donde reciben a nuestro folklore como si fuera de ellos” –explica Sole–. “Para mí es algo extraño, pero es así. No es la primera vez que vengo, y siempre me dicen que su forma de vida se parece a la nuestra. Tienen las fiestas del gaucho y del caballo, y muchas costumbres similares a las de nuestro campo. Tocan chamamé, se visten igual, y viven el folklore con mucha pasión. Me gusta pensar que la tierra pierde sus límites y se expande con algo tan lindo como la música”, dice ella. Que, ya instalada en el hotel Blue Tree Millenium, sigue hablando con nosotros. Pero en voz baja, porque Antonia duerme...

Como en casa. Prueba de sonido en el complejo Casa do Gaúcho, en el Parque Harmonia.

–¿Cómo se produjo el fenómeno Sole en Brasil?
–Hace dos años, en el Festival de Jesús María, Córdoba, y entre la multitud, descubrí un cartel con la leyenda “Sole, Brasil te ama”. Todo el equipo de trabajo quedó sorprendido. Después nos dimos cuenta de que muchos brasileños entraban a nuestra página web y nos dejaban mensajes. Por eso decidimos jugar nuestra carta en un lugar que creíamos ajeno. Y desde ese momento, cada vez que venimos el público nos responde con un cariño increíble.

–Siempre fuiste la Princesa del Folklore. Sin Mercedes Sosa, ¿te sentís la Reina?
–Soy de una generación para la cual el compromiso social pasa por otro lado. La Negra tuvo que expresarse poniendo, más de una vez, su vida en juego. Lo mío fue transitar por una época más serena y feliz. Pero Mercedes será siempre La Voz, con todo lo que significa: lucha por la libertad y entrega total.

–Pero muchos te juzgan como su sucesora.
–En el escenario despliego una energía que llega muy fuerte, es cierto. Y también es cierto que me ven como su sucesora. ¡Ojalá lo fuera! ¡Quién tuviera la gloria de ser recordado como ella, por varias generaciones!

–¿Ella era tan maternal con vos como se mostraba?
–Sí... Siempre fue muy protectora. Hablábamos mucho. Me gustaban sus anécdotas. Una vez tuve el placer y el privilegio de cantar con ella y Horacio Guarany en Cosquín. ¡Dos verdaderos ídolos de mi infancia! Estaban distanciados, no se llevaban bien..., pero yo trataba de estar un rato en cada uno de los camarines. Una vez le pregunté a Mercedes si pensaba dejar de cantar, y me contestó: “Mi amor, sólo cuando canto soy feliz”. Salvando las distancias, porque no viví persecución ni exilio, siento lo mismo.

–¿Y qué tal Guarany?
–¡Su energía es increíble! Después de ese show lo llamé, le hice la misma pregunta, y me dijo: “Piba, no sé por qué carajo me voy a retirar... ¡Si estoy mejor que nunca!”. Me acompañaron mucho en mi carrera, y tengo el mejor recuerdo de los dos.

–¿Sos consciente de la huella que estás dejando en la gente?
–¿Lo decís porque canté en el Bicentenario? Puede ser... No sé cómo seguirá la memoria de los argentinos de aquí a un par de años. En todo caso, soy parte de una generación diferente.

–Tu público es un collage de edades: desde viejos hasta chicos. ¿Por qué?
–Creo que... porque hago las cosas bien. Con respeto. El que aprendí con mi familia. Es muy difícil encontrar un punto en común entre generaciones, pero lo logré, y eso es lo más lindo de mi carrera. Que me sigan abuelos, padres, hijos y nietos es una experiencia maravillosa.

“Antonia es linda y perfecta. La miramos y no podemos creer que sea nuestra. Ella, sin saberlo, nos da una fuerza especial, y hasta lo más difícil se nos hace fácil y simple”

–¿Cómo vas a explicarle tu carrera a Antonia?
–Lo va a entender naturalmente, creo. Sigo el consejo de la pediatra: no la expongo a lugares con mucha gente (los recitales, sobre todo) y sin comodidades elementales. Por ahora, mientras no vaya al jardín, va a estar conmigo, que es lo más sano para un hijo. Después, tal vez les diga a sus compañeritos que “este fin de semana estuve en Tucumán, en Corrientes, en...” (se ríe)

–Antonia estuvo en el escenario durante tu show en la 9 de Julio para el Bicentenario...
–¡¡¡Sí!!! ¡Claro! Cada vez que vea el CD se va a emocionar tanto como yo, y comprenderá que formó parte de un momento histórico: nada menos que los doscientos años de su patria.

–¿Cómo te sentís en el rol de madre?
–Nadie puede creerlo. Siempre fui muy chiquilina. A algunos les cuesta convencerse de que estoy casada. Sin embargo, Antonia me cambió la vida: gracias a ella, y con ella, me descubro cada día. Si no duermo no importa, porque soy feliz. Cuando estamos juntas fluye algo instintivo. Uno cree que no va a poder hacer ciertas cosas, pero después... ¡todo sale fácil! Antonia me va guiando. La miro y me digo: “¡No puede ser mía!”. ¡Es tan linda y perfecta!

–¿Cómo es la relación de Jeremías con Antonia?
–¡Ni te cuento...! Hay días que la agarra, pone música y baila con ella en el living de casa. Es algo muy tierno.

–¿En qué lugar van a criarla?
–En Arequito, obvio, donde tiene a toda su familia. El jardín de infantes ya le regaló su primer guardapolvo. Allá, en mi tierra, siempre hay alguien que te mira y te cuida. Si mi vida o mi carrera me llevan por otro lado, no sé... Pero quiero que se críe como nosotros: en bicicleta, y corriendo por todos lados. ¡Libre!

Fuente: Gente

1 Comentario:

Común dijo...

Que lindo con su bebe……….gracias por compartir.
Te invito a ver mi blog, nuestra casa vamos primero en el concurso que estamos las dos.