10 sep. 2008

Entrevista a Soledad en España

Soledad Pastorutti Cantante Argentina / Participante en el Festival Sabandeñ '08

Soledad: "El éxito no tiene fórmula"

Vino al mundo el día de la Hispanidad del año 1980 en una población argentina tan menuda como Arico. Natural de Arequito, localidad de apenas siete mil habitantes ubicada al sur de la provincia de Santa Fe, Soledad veía cómo su nombre "corrió como un reguero de pólvora" por las calles de Cosquín en el verano 1995. Todos querían ver la presentación de la niña del poncho, pero una ley audiovisual impedía que los menores aparecieran en televisión después de la medianoche y se canceló su participación en este prestigioso festival. La Sole regresó a casa como la protagonista de La Cenicienta. "Alguna vez, el folclore me hizo sentirme como ella", reconoce la intérprete tras su actuación en la última edición del Festival Sabandeño.

-Algunos descubrieron a La Sole el sábado por la noche en La Laguna, pero sus vínculos con la música, a pesar de su juventud, ya tienen más de dos décadas de vida.
-Cierto, pero entonces me veían como un ser gracioso que divertía al público con sus letras y que tarde o temprano iba a desaparecer. No ocurrió así. El éxito no tiene fórmula y, lo peor de todo, es que un artista no sabe cómo llegar hasta él. Lo único que puedes hacer es trabajar duro y dejarte sorprender. Lo de La Laguna fue maravilloso. Me asusté cuando me dijeron que tenía que entretener al público casi una hora, pero al final me pegaron una paliza de cariño. Yo solamente les podía devolver cantando todo el amor que recibí. ¡Me enamoré de ellos!

-A sus casi 28 años, ¿no le da un poquito de "vértigo" tener 10 discos en el mercado?
-Mi sueño es recorrer el mundo haciendo música. Cuando empecé a cobrar por cantar sí que me quedé en blanco y sentí por primera vez la presión de tener que vender. Era una niña de 14 años que tenía que colocar cinco mil copias de su primer disco para evitar la rescisión de un contrato discográfico.

-Vendió 800.000 discos, ¿algo realmente asombroso cuando se trata de folclore?
-A esa edad sabía que me podía ganar la confianza del público en vivo, pero que sería muy complicado que mi voz se escuchara en la radio. Lo normal es que la gente compre primero un disco y luego lo oiga, aunque yo prefiero que me escuchen y después, si les gusta, busquen una tienda, entren en ella y lo paguen... El 70 por ciento de mí es folclore, pero también probé otras cosas. Lo que pasa es que yo ya he protagonizado mi fantasía. El folclore me ha permitido vivir en primera persona el cuento de La Cenicienta.

-De hecho, el cubano Emilio Estefan se convirtió en el productor de su cuarto disco; "Yo sí quiero a mi país". ¿Un cambio positivo?
-En Argentina no sentó bien que dejara de lado mi perfil folclórico y entrara en una dinámica mucho más comercial, pero en aquel instante me apetecía algo desconocido y lo probé. ¿Positivo? Volví a mis raíces. No es que me arrepintiera, pero posiblemente hoy me costaría mucho más tomar una decisión como aquella. Entonces era una chica que no sabía defenderse de unos cambios que te ayudan a crecer. Quisieron internacionalizarme, pero no hubo continuidad.

-¿Un paso atrás?
-Para nada. No me fue mal, pero me va mejor con el folclore. Para captar la atención del público hay que ser distinto, un artista capaz de mostrar cosas que se escapen de lo normal. Yo me diferencio haciendo folclore. Amo la música folclórica que tiene que ver conmigo, con la gente que tengo alrededor y siempre estoy dispuesta a enseñársela a los demás. El éxito, si viene, ya llegará después...

-Defina lo que hace en una frase.
-Cuando subo a un escenario me propongo charlar con el público, ¿Vale esa? (se ríe).

-¿Se cree un fenómeno social?
-Lo fui en Argentina en el 96 y el 97, pero hoy sigo buscando nuevas oportunidades aquí y allí. Lo que me ocurrió no tiene una explicación sencilla. Fue algo rarísimo, una circunstancia que yo pensaba que solamente pasaba en los cuentos. Tuve que aparcar mis estudios de Secundaria porque no paraba de cantar, pero soy una agradecida al trabajo porque he disfrutado junto a él. Nunca he querido ver dónde tengo mi techo. Sé que no soy una gran cantante, pero no desafino y cuando me subo a un escenario le pongo pasión.

-¿No es atrevido argumentar algo tan rotundo después de vender miles de discos?
-No me gusta mirar al pasado. Desconozco si algún día me van a abrir las puertas de Europa, pero yo sigo esperando que pase algo en México o en España, dos mercados vitales para esta conquista. Cuando no sabes qué hacer con tu próximo disco, es bueno meter la cabeza en otro lado.

-¿Lo dice porque usted compagina su faceta musical con la de actriz?
-Alguna vez fue una ocupación, pero me siento más cómoda con mi folclore. Únicamente, en 2004, abrí un paréntesis en mi carrera musical para centrarme en la grabación de "Rincón de Luz", una novela que me quitaba muchas horas.

-Su admiración por Horacio Guarany, uno de los cantautores que han marcado su producción folclórica, es pública.
-Es un referente en todo lo que he hecho. De pequeña, cuando me iba a mi habitación y me preparaba para dormir, cogía un desodorante y lo usaba como micrófono mientras escuchaba a Horacio Guarany en la radio. Al final, creía que los aplausos que solamente existían en mi imaginación eran para mí.

-¿Sigue soñando con el éxito?
-El éxito no tiene fórmula, pero a todo el mundo le gustar llegar a la meta. A mí ya me ha tocado vivir la peor etapa de un músico, que es la de saber si lo que uno hace tendrá cierta repercusión, y escapé sin heridas. El triunfo, en ocasiones, deja ciego al que lo consigue pero yo siempre he tenido cerca a mis amigos en los días victoriosos y en los que fracasé. Alguno de ellos existe desde que acudía al jardín de infancia.

Princesa sin corona
Confiesa que pisa con fuerza el terreno sobre el que se mueve, pero leyendo algunos episodios de su aún corta biografía es imposible imaginar que un creativo de Walt Disney pudiera desaprovechar un filón de esta magnitud. Pastorutti, que llegó a La Laguna con su hermana Natalia, ganó con 16 añitos el "Cosquín de Oro", el festival folclórico más prestigioso de Argentina. Su vida dio un giro de 180 grados, pero pagó el peaje del artista precoz. Siendo aún menor de edad consiguió diez llenos consecutivos en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. En una década y media su banda creció -inicialmente sólo contaba con tres miembros- para multiplicarse por tres. La Sole derramó en La Laguna una hora de su vida. Montó un concierto que concentró la vena más folclórica y el público la premió. "Tenerife me regaló su cariño", dijo antes de la despedida.

Fuente: El Día (España)

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